¿Empoderamiento o demanda? Una reflexión sobre trabajo sexual, hipersexualización y libertad
Mishell HuachoShare
Por Mishell Huacho Parra | Fundadora de VICIO ACADEMY
En redes sociales circula un reel popular: “La existencia del trabajo sexual y la hipersexualización femenina se debe a la demanda de los hombres, no al empoderamiento de las mujeres. Por lo tanto, no gira en torno a una decisión libre, sino a una estructura donde las mujeres son el producto y los hombres los consumidores.”
Este planteamiento no surge de la nada. Durante siglos, el cuerpo de las mujeres ha sido regulado, controlado y mercantilizado dentro de una sociedad patriarcal. Es cierto: gran parte de la industria sexual existe y se sostiene porque hay una demanda masculina que coloca a las mujeres en la posición de “producto”. Bajo esta lógica, hablar de libertad o “elección” puede sonar ingenuo si no consideramos los factores económicos, culturales y de poder que atraviesan esas decisiones.
Sin embargo, hay otra cara de la moneda que también merece ser escuchada. Negar de plano cualquier forma de empoderamiento dentro de lo sensual, lo erótico o lo performático es invisibilizar la agencia de miles de mujeres y disidencias que han transformado esos espacios en lugares de resistencia, arte y libertad. No todas las prácticas vinculadas con la sensualidad responden a la mirada masculina: muchas nacen de la necesidad de habitar el propio cuerpo, reconciliarse con él y expresarlo desde la autenticidad.
Entonces, ¿dónde está la respuesta? Quizás no en elegir entre blanco o negro, sino en matizar.
La pregunta no es solo si una práctica es empoderadora o no, sino:
- ¿En qué condiciones se da?
- ¿Quién tiene el poder de decisión real?
- ¿Se ejerce desde la coerción o desde la autonomía?
- ¿Conduce a la explotación o a la dignificación?
El verdadero reto está en crear contextos donde la sensualidad y el erotismo puedan vivirse sin culpa, sin estigmas y sin subordinación a la mirada de otros. Donde el cuerpo no sea producto, sino lenguaje; no mercancía, sino arte; no objeto, sino territorio de libertad.
Al final, la clave es respetar la pluralidad de experiencias: las mujeres no somos un bloque homogéneo, y cada camino —sea desde el trabajo sexual, la danza, el arte o la vida cotidiana— merece ser mirado con dignidad, escucha y sin juicios.
✨ Al final, no se trata de romantizar ni de condenar. Se trata de abrir la conversación, visibilizar desigualdades y, al mismo tiempo, reconocer que habitar nuestro cuerpo con decisión propia también puede ser un acto de resistencia y de poder.