Semana 2 en formación de danza

Mishell Huacho

Esta semana cerró el laboratorio con Carolina Vascones. Y si tuviera que resumir lo vivido en una palabra, sería: excavar.

Excavar no para inventar algo nuevo, sino para recordar lo que ya estaba en nosotras. La invitación no fue crear desde una coreografía de ocho tiempos, sino desde motores de movimiento: el latido, la montaña, la ola. Que el gesto no nazca del conteo, sino de la dramaturgia. Que el cuerpo no actue, sino que recuerde.

Porque cuando excavamos podemos extraer material propio, descolonizar el movimiento y crear con identidad. Dejar de querer parecernos a bailarinas de otros contextos y volver a la abuela, a la madre, al barrio, a la memoria, a la tierra.

“Yo soy porque nosotros somos”, repetían. Y de pronto la obra dejó de ser individual y se volvió colectiva.

También apareció una palabra que nos acompañó con mucha insistencia: enjundia. Entregarse a la obra. Habitarla. Encarnar. presencia total.

Pero más allá de la técnica y la escena, entendí algo más grande: el bienestar no es solo responsabilidad y logro individual. No es solo rendimiento o estética. Es comunidad, arte compartido, cuidado colectivo. Es tener compas con quienes ser. Es vivir en una ciudad caminable. Es tener espacios públicos, arte accesible y una red que sostiene.

Esta semana no fue solo danza.

Fue la certeza de que lo que soy ya es suficiente para crear.

Y que cuando me entrego con enjundia,
la obra deja de ser solo coreografía y

Se vuelve memoria viva.
Se vuelve memoria colectiva.
Se vuelve verdad.

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